Principios de Vida

Hoy renacemos en los siguientes nueve alientos de vida:

  1. Reconocemos como nuestra Ley de Origen a la Madre Padre Creadores que se manifiestan y expresan en el orden natural y por esto nos declaramos las Naciones Unidas del Espíritu.
  1. Proponemos un camino, unos pasos para educar seres humanos verdaderos, basados en nuestras FORMAS DE VIDA.
  1. Invitamos al ser humano olvidado de su memoria ancestral que venga a beber de esta fuente de sabiduría ancestral.
  1. Consideramos que toda la naturaleza (elementales, minerales, animales, plantas, selvas, ríos, montañas, humanos, planetas, estrellas, así como lo invisible) no son recursos, son nuestra familia, por lo cual es fundamental vivir juntos en armonía.
  1. Manifestamos que la interculturalidad y el diálogo de saberes favorecen el reconocimiento de nuestra humanidad común en el respeto por las diferencias, para la construcción de Acuerdos Comunes basados en la Ley de Origen de cada uno de los pueblos ancestrales.
  1. Declaramos que nuestra espiritualidad no es una forma religiosa exótica, sino una manera de vivir en acuerdo con todos los seres, la naturaleza y el universo.
  1. Reconocemos en la mujer a la madre divina universal, más no el modelo de belleza pasajera que origina la idea de que podemos poseer y controlar el mundo.
  1. Somos el cumplimiento del sueño de nuestros ancestros. Nuestros pueblos ancestrales tienen el silencio para saber escuchar y la palabra para saber hablar y proponer; esta es una propuesta de educación que pone en el centro al SER y la convivencia en armonía con todos los seres visibles e invisibles, estos pasos que educan son una urgencia para la humanidad. Así con los fundamentos de la tradición ancestral, se levanta esta nueva antigua humanidad unida en las nueve esquinas del mundo.
  1. Anunciamos que nuestro sistema de gobierno es la COSMOGEOCRACIA, el orden, gobierno del cosmos, ligado al orden, gobierno de la tierra donde todo está interconectado; para cumplir con esto, debemos extender, compartir y alistar los terrenos para que la semilla del corazón humano germine y prospere.